t e l e s y m p o s i a
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Este proyecto nació de una inquietud por comprender la relación, paradójica e incluso contradictoria, entre la violencia y sus representaciones en el arte. Por un lado, observamos que la violencia genera cultura, o cuando menos productos culturales. Pensemos en la gran cantidad de novelas, películas y proyectos de investigación dedicados al Holocausto, a las revoluciones y a los demás acontecimientos violentos de nuestra historia. Quizás esto se deba a que nos seduce la intensidad, la energía pura que se derrama en estos actos de destrucción y que Freud bautizó con el nombre de "pulsión de muerte". Pero a la vez que nos seduce, esta pulsión incomprensible nos aterra: quizá disfrutemos al leer una novela o al ver un programa televisivo sobre el crimen o la guerra, pero esos mismos eventos nos espantarían si tuviéramos que presenciarlos en vivo. Las representaciones de la violencia tienen el poder de producir en el lector o espectador esa intensidad afectiva que Freud denominó forepleasure.
Pero las representaciones de la violencia tienden a neutralizar su propio efecto. En la época de la comunicación vía satélite, del fax y del internet, hay una proliferación excesiva de imágenes y textos sobre la violencia global. A diario los medios nos "bombardean" con representaciones de guerras y hambrunas, de asesinatos y asaltos. Por su cantidad y su frecuencia, estas representaciones han perdido su efecto, su capacidad de comunicar la descarga afectiva de la violencia. En la sociedad de la imagen, las representaciones de la violencia han sido banalizadas, se han convertido en otro producto de consumo.
Nos encontramos, entonces, frente a una disyuntiva entre el potencial afectivo que encierran las representaciones culturales de la violencia, y la banalización neutralizadora que éstas sufren en nuestra sociedad. En las discusiones que siguen, hemos abordado este problema desde una perspectiva psicoanalítica, una aproximación teórica que nos permite comprender la relación entre el sujeto y la violencia. Estas tres entrevistas con Hal Foster, Alfredo Jaar y Sylvère Lotringer nos presentan tres puntos de vista distintos sobre la tensión entre el potencial afectivo y la banalización neutralizadora en las representaciones contemporáneas de la violencia.
Hal Foster, teórico y editor de la revista October, ha escrito sobre temas que van desde el Surrealismo (Compulsive Beauty, 1993) hasta el postmodernismo (The Anti-Aesthetic, 1983). Su obra más reciente, The Return of the Real (1996), examina la importancia que el shock y la experiencia traumática han cobrado en el arte y en las producciones culturales de fines del siglo veinte.
El artista chileno Alfredo Jaar ha dedicado gran parte de su obra a los acontecimientos violentos de nuestro pasado reciente: Bosnia, los indocumentados mexicanos, los trabajadores de las minas de oro colombianas. Real Pictures (1994-95), una instalación reciente, tiene como tema la guerra civil ruandesa de 1994 en la que murió más de un millón de personas. En Real Pictures, las fotografías de Ruanda han sido selladas en pequeñas cajas negras que el artista utiliza, a manera de tabiques, para construir solemes esculturas geométricas los únicos objetos visibles en el espacio de exposiciones.
Sylvère Lotringer es co-editor y fundador de la revista Semiotext(e), una publicación que desde sus inicios en 1974 se ha interesado en relacionar los decubrimientos teóricos del postestructuralismo con las manifestaciones urbanas de la violencia en los Estados Unidos. Semiotext(e) ha publicado texos de Baudrillard, de Guattari y Deleuze, pero también conversaciones con pedófilos, confesiones de sadomasoquistas, y entrevistas con criminales.
Nuestra investigación de la violencia y sus representaciones continuará en el próximo número de TRANS con una discusión entre estos tres panelistas y dos críticos invitados. Esta segunda parte nos ofrecerá un espacio plural para debatir las ideas presentadas en esta primera ronda de entrevistas.
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"El retorno del trauma" |
"Los límites de la representacíon" |