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por Reginald C. Woolery
En tanto "Black Male", la muestra organizada por la curadora asociada del Museo Whitney, Thelma Golden, plantea inquietantes cuestiones concernientes a la convergencia de raza, género, sexualidad, representaciones en los medios de comunicación y los intereses a los que sirve ese despliegue en la cultura contemporánea, es realmente un proyecto importante y urgente. Agrupando más de 30 artistas visuales y más de 60 videastas y cineastas, esta ambiciosa exposición reúne obras y prácticas que abordan la sujeción del cuerpo negro masculino, tanto en la práctica artística reciente como en la imaginación popular. También representa una significativa expansión de "Enfrentándose a la Historia: La Imagen Negra en el Arte Americano entre 1710 y 1940", organizada por el difunto Guy C. McElroy en el Museo de Arte Corcoran en 1990. "Black Male", que ha ganado para el Museo uno de los más altos puntajes en relaciones públicas y audiencia en años, tuvo, en sus últimos días, filas de personas rodeando la manzana. La exposición, realizada bajo la administración de David Ross, intenta lograr una compleja reunión de públicos diversos, prácticas artísticas y debates sociales actuales que usualmente tienen lugar en sitios académicos. "Black Male" combina una impresionante serie de obras que se apropian de e invierten controvertidas nociones de raza y género tales como "masculinidad negra". Se trata de una intervención estratégica que reposiciona de manera inteligente, y que incluso privilegia, prácticas feministas, gay y lesbianas, en la psiquis del escasamente definido pero muy visible hombre negro. ¿Es la lógica hetero-normativa asumida (¿blanca?) por la recepción de los espectadores que subyace al proyecto de subversión y defamiliarización de la muestra también su punto ciego? De las 20 o 30 personas que entrevisté a la salida de "Black Male" el último dia de la muestra, las principales críticas "negativas" de afro-norteamericanos (presumiblemente heterosexuales) tenían que ver con la desnudez flagrante, los genitales expuestos, y la representaciones de la homosexualidad. Parecía que este grupo de heterosexuales negros sentía que la muestra era en parte "para ellos", y que de algún modo alguien había fracasado en dar una respuesta a una cuestión que se juzgaba importante. Para ellos, los buenos muchachos precisaban ver imagenes de trascendencia, amor y familia, y no el espectáculo de cuerpos negros en exposición. |
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Desde el comienzo, el posicionamiento ambivalente del título de la muestra como "(R)epresentaciones" de la masculinidad negra, en tanto opuesto a la conspicua posición de "(C)onstrucciones", tomada por los programas de filme y de video, claramente facilitó respuestas descontroladas de un cierto espectro de participantes, incluyendo afro-norteamericanos, muchos de los cuales parecían estar confrontándose con figuraciones que preferirían haber evitado. ¿Podemos suponer que las resistencias de este grupo étnico no eran sino la puesta en escena de una serie de denegaciones y malentendidos? Si seguimos el razonamiento de Butler de que el arte radical de hoy es virtualmente subversivo, confrontacional, y perturbador de cualquier identificación en términos de los tipos binarios tradicionales, entonces tendríamos que responder que sí. No necesitamos hacer una "contabilidad" de actitudes cambiantes o leer la sección de artes y entretenimientos del New York Times para confirmar ésto. No obstante, si consideramos el pensamiento de Jacqueline Rose, notando lo pernicioso de los esfuerzos de la derecha para ridiculizar grupos marginalizados y sus instituciones, concluiremos que quizás los tiempos fuerzan a ir más allá de una mera deconstrucción o de una dialéctica oposicional. El "captar" "Black Male" implicaría converger no solamente en torno a la habilidad para identificar un campo unitario de estereotipos, mercantilizaciones y contorsiones, sino también en una crítica multi-vocal del por qué y para quiénes. ¿Es suficiente para los curadores de hoy usar objetos de arte como vehículo, cuando la fuerza de su presentación reposa tanto en lecturas externas? ¿Cómo podríamos abordar, probar de un modo más profundo, o resolver las por ahora "perturbadas" cuestiones de política cultural sin apostar a programas conservadores que vuelven patológica la obra de artistas y curadores de color en galerías y museos, como si fueran debates esencialmente no estéticos, ni caer en una crítica heterosexista que parece emerger siempre cuando los que están bajo la ley son mujeres, gays o lesbianas, o extranjeros? |