
Herman Gray, profesor de sociología en Stevenson College y en la Universidad de California en Santa Cruz, organizó "Masculinidad Negra y Cultura Visual". Gray navega a través de las lóbregas aguas de la juventud afro-norteamericana recorridas por raperos y artistas del hip hop. Su ensayo en el catálogo pone en primer plano la "imaginativa reelaboración y reescritura", a cargo de esta generación, "de los tropos históricos del heterosexual negro, la (hiper)sexualidad masculina, la insensibilidad, el distanciamiento, y la sangre fría, en nuevas figuras de fascinación y miedo"(3). No obstante, él presenta una nota de cautela respecto a la reconstitución de nociones tradicionales de heterosexualidad, falocentrismo, y sexismo, así como a la relación conflictiva con los afro-norteamericanos de clase media y las comunidades gay y lesbiana. Algunos filmes que merecen ser mencionados fueron el elocuente viaje narrado de Marco Williams, In Search of Our Fathers (En Busca de Nuestros Padres), que hace añicos mitos culturales negros de clase y de género, y Fade to Black (Fundido a Negro) (1990), el denso viaje de Tony Cokes y Donald Trammel a través de las relaciones entre la teoría de la interpelación de Althusser y el estadio del espejo lacaniano, tal como se constituyen en la oralidad hip hop. Sin embargo, este notable grupo de filmes, con su seductor remapeamiento de la psiquis del hombre negro, fue tan asombroso por sus omisiones como por sus inclusiones. ¿No es cierto que la realidad de la producción de filme y video en los Estados Unidos indica que la mayoría de los "filmes negros" que se producen cada año no son largometrajes, sino narraciones "breves", experimentales y predominantemente documentales? ¿Por qué prácticamente todas las obras seleccionadas para la exposición fueron largometrajes? ¿Por qué no había un programa seleccionado por la nueva generación de curadores-artistas menores de 35 años? ¿Por qué parecía que el único criterio para identificar un filme como representando la negritud acababa en la reificación de una definición científica de raza? ¿No están Madonna, Vanilla Ice, Maya Deren y Jim Jarmusch minando el mismo campo de la "negritud"? ¿Qué hay de la hibridización? ¿No ha sido lo "americano" en el arte norteamericano puesto en tela de juicio por sus aspiraciones de pureza? ¿Qué hay de las lecciones de los cineastas negros británicos como Passion of Remembrance (La Pasión del Rememoramiento), de Maureen Blackwood, o Handworth Songs (Canciones de Handworth), de John Akomfrah, o incluso del programa de video afro-latino/a de Fabiano Canosa y el Latino Collaborative que Stuart Hall organizó en el Public Theater? En última instancia, si uno -y parece que la mayoría de los escritores académicos (negros) sobre cine y los curadores entran en esta categoría- no ha ido al "Nuevo Festival" de Nueva York, organizado por el hermano Wellington Love, o al "Mix: Festival de Cine y Video Experimental Lesbiano y Gay", organizado por la hermana Shari Frilot, uno se ha perdido algunos de los más innovadores trabajos realizados sobre el cuerpo negro en años. Por supuesto que tiene sentido que el trabajo firmado por Isaac Julien, Langston, aparezca como parte de las proyecciones cinematográficas de "Black Male", pero ¿no hubiera sido delicioso yuxtaponerle su igualmente cautivadora The Attendant (El Asistente), una fantasía sado-masoquista sobre la subjetividad del hombre negro gay desde el punto de vista de un guardia de seguridad de museo, junto con Guarded View (Vista Protegida), de Fred Wilson, una instalación de maniquíes sin cabeza en uniformes de seguridad de museo? ¿No se hubiera así comenzado a abordar la temporalidad espontánea y la dimensionalidad sónica que esta exposición parecía reprimir? La fetichización en los programas de cine y video de los largometrajes independientes y de Hollywood refuerza la noción de que la salida de los creadores afro-norteamericanos de los medios de comunicación "fuera del ghetto (económico y cultural)" seguirá realizándose a través de este camino. Si bien es cierto que la sala de cine tradicional continúa siendo el sitio primario de la recepción cultural de masas y el debate crítico, la mayoría de los títulos en el programa de "cine negro" del Whitney podrían haber sido fácilmente alquilados en una tienda de video por mucho menos que la entrada de 8 dólares. El equívoco de que los filmes cortos y sus directores son "aspirantes" al largometraje es un mito nada ingenuo que tiene conexiones con la retórica de fines de los '70 y la formación del "movimiento de cine negro", parcialmente bajo la égida de la Fundación del Cineasta Negro, que encontramos reemergiendo en el fenómeno post-Spike Lee de los '90. El efecto de ésto ha sido una lectura desplazada de las prácticas visuales negras contemporáneas. Es difícil ignorar el hecho de que muchos de los trabajos producidos en el formato de filme corto o video no representados en "Black Male" son básicos para cualquier exámen post-moderno de la cuestión, y para la desestabilización de las divisiones actuales de las razas, las etnias, las naciónes, las clases, los géneros, las sexualidades, y los límites entre arte elevado y cultura popular. Traducido por Reinaldo Laddaga |
