| ¿Dónde curarse? Sanatorios, hospitales, divanes polvorientos..., ¿o quizás en la plaza, en la plenitud social del acto cívico, bajo la luz del sol de mediodía? Porque si en primera instancia podría pensarse que la modernidad ha acotado el problema de la cura, transformando a la enfermedad en un tecnicismo, una mirada atenta casi nos fuerza a concluir que ha sucedido lo contrario: el malestar en la cultura es indisociable del trauma personal, ya que no podemos seguir concibiendo a las estructuras de la psique como aisladas de los grandes movimientos de masas. El oscuro secreto del psicoanálisis es todo menos subjetivo, y, como una moneda, circula de mano en mano suministrándole a quien lo posee una pasión momentánea y por completo consensuada. | Se trata de obras que claramente suponen un sujeto, el que se haría
presente a sí mismo a través de su contemplación. Y
un arte cuyo objetivo parece ser el de criticar a la noción de presencia
- y me refiero específicamente a gran parte del arte supuestamente
crítico con respecto a las concepciones tradicionales de la identidad,
entendida en todos los sentidos del término - termina, paradójicamente,
apoyándose en ella y por lo tanto, indirectamente, reforzándola. Muy diferente era el caso de Lygia Clark (1). Lygia comenzó su carrera como una artista concreta y, hacia el final de su vida, el desarrollo lógico de su investigación la condujo a formular las bases de una terapia con objetos. |
|||||||||
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
![]() |
||
| Ahora bien, si el malestar, dispersado en el todo social, se multiplica, si es en sí mismo una multiplicidad y nos arrastra, es lógico también entonces que multipliquemos los tratamientos, las técnicas de curación, las recetas políticas, sentimentales, antropológicas. Curioso es el lugar que el arte contemporáneo ocupa en este escenario. Atraído por la lógica de la modernidad, no puede resistirse a ofrecerse al todo social como promesa de cura. Y si la intención de curar implica, antes que nada, un diagnóstico de la enfermedad, quizás pueda decirse que para un sector del arte contemporáneo el problema radica sobre todo en cuestiones vinculadas a la representación. Para muchos artistas hoy día se trata de vehiculizar determinados contenidos discursivos por medio de la utilización de estrategias formales específicas. Es un arte estructurado como lenguaje, pero lenguaje reflexivo, medio de autopresentación de un sujeto ante sí mismo. | Los objetos relacionales, que así se llamaban, estaban destinados a producir, al ser aplicados periódicamente sobre el cuerpo de sus "pacientes", una serie de cambios psíquicos, la sensación física de alivio, la cesación de los bloqueos, en síntesis, una liberación, al menos temporal, de las constricciones habituales de sus respectivas estructuras psíquicas. No se trataba, claro está, de una terapia convencional. En primer término porque no incluía al lenguaje, o mejor dicho, al lenguaje en su función representativa, al lenguaje reflexivo por el que un sujeto se hace presente a sí mismo - la lengua del cogito cartesiano. La terapia no promovía el establecimiento de patrones racionales, adaptativos, de conducta; lo que curaba no era en este caso, en absoluto, la verbalización de un algún trauma original, sino más bien un encuentro programado con lo no idéntico: el lugar sin lugar de un cuerpo cuyos límites serían los del mundo. |
| ||||||||