En un incidente ocurrido durante los días de la inauguración de la última Bienal de São Paulo, el curador holandés Wim Beeren ordenóa algunos bailarines de samba abandonar la sala de una exposición de pinturas de Malevich. Los bailarines, de la escola de samba Vai-Vai, estaban vistiendo capas "Parangol&eacute", una obra de Hélio Oiticica de mediados de los sesenta, y danzaban a lo largo de las salas de la Bienal en una especie de repetición del evento que Oiticica escenificó30 años antes en el Museo de Arte Moderno de Rio de Janeiro, cuando presentópor primera vez los "Parangol&eacute".
    Sucedióque un fotógrafo de la prensa estaba presente, y una imagen del señor Beeren gritando a los bailarines para que abandonaran el lugar, con la clase de gesto que un restaurateur podría usar para expulsar mendigos de su puerta, aparecióa su debido tiempo en el Jornal do Brasil (el 13 de Octubre de 1994).
    Ciertos espectadores saborearon la ironía de la ocasión. No sólo se trataba de que la pintura de Malevich había sido una gran inspiración para Oiticica (la transubstanciación de las formas suprematistas de Malevich en envoltorios quinestésicos y efímeros animados por los bailari-nes puede apreciarse en las fotos de la prensa), sino que también el trastocamiento del decoro institucional y del esnobismo social que rodea a las bellas artes, que Oiticica acometióen 1964, parecía no haber perdido nada de su fuerza disruptiva
    El vasto cuerpo de obras de Oiticica es, y será, por un largo tiempo, un rico campo de estudios. Sólo recientemente ha comenzado a ser ampliamente conocido (más de una década después de la muerte del artista). Uno de estos campos de estudio es la relación entre los descubrimientos de la vanguardia en este siglo y la cultura popular de Brasil (que es, en el más amplio sentido, una cultura de resistencia a los efectos deshumanizantes de la pobreza, la explotación y la denigración). La relación que Oiticica establecióentre estos dominios polarizados está vinculada estrechamente con otro aspecto de su obra: su desafío contínuo a los museos, a los que veía como relicarios de cosas muertas.
    Oiticica fue uno de esos artistas cuya obra despierta preguntas que conciernen a las particularidades culturales, a la traducción, y a las "estrategias para reconfigurar la historia del arte del fin del siglo XX de modo de abarcar a las diferentes culturas del mundo". Preguntas que no pueden separarse del conflicto de intereses e ideologías entre artistas e instituciones.
 
     

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