El esfuerzo por organizar una exposición póstuma de la obra de Oiticica en importantes museos europeos y norteamericanos en 1992, en el que estuve involucrado, puso en juego estas cuestiones de manera aguda y compleja. Ellas siguen siendo complejas, aunque el punto fundamental pueda ser formulado con bastante simpleza: Àpodra la institución adaptarse a las demandas y estructuras del arte de Oiticica, o debe su trabajo ser adaptado a la institución? El grupo curatorial estaba compuesto por Catherine David, entonces curadora del Jeu de Paume en Paris, Chris Dercon del Witte de Witt en Rotterdam, Luciano Figuereido del Projeto HO en Rio de Janeiro (el archivo Oiticica), Lygia Pape, artista y amiga de Oiticica, y yo mismo. No es mi deseo, a partir de lo que escribo, tomar distancia del grupo y sugerir que tengo respuestas que los otros no tienen. En realidad todos estamos implicados en el mismo fenómeno. La pena es que las exposiciones son tratadas como productos, manufacturados y luego consumidos, y que hay tan poca reflexión (publicada) sobre la experiencia después de que ésta tiene lugar.
    La crítica brasileña Sonia Salztein ha escrito que las "obras tenues y precarias" tanto de Oiticica como de Lygia Clark, "intentan disolver un destino institucional para el arte en el mundo contemporáneo". Sus puntos de vista les permiten concebir "un proyecto más amplio para el arte brasileño, dirigido hacia la escala social como estrategia de emancipación cultural". Oiticica raras veces se refirióa sus producciones como "cosas", sino que usó términos tales como "pro-puestas de comportamientos", "situaciones para ser vividas", "preludios a un estado colectivo de invención". Si un objeto era descripto se lo hacía usualmente en términos de la acción a través de la cual uno se lo encontraba, lo vesta, o se acostaba adentro suyo. La participación era una parte esencial del trabajo. Para reafirmar la percepción de sus "Bolides" de los años sesenta (cajas y contenedores) como acciones más que como objetos (él los llamaba Transobjetos), Hélio representóen 1978 un ritual en el cual una determinada cantidad de tierra, equivalente a la tierra que muchos de los "Bólides" conten an originalmente, fue depositada por medio de un pequeño marco rectangular en un terreno de un basural de Rio ("Devolviendo tierra a la tierra: un contra-blide") Esta obra fue representada nuevamente en cada ciudad que la exposicin de 1992 visit&oacute, una repetición que Hélio mismo había sugerido en notas escritas después de la acción de 1978. Pero, aparte de esto, era obviamente imposible saber cómo Oiticica habría reconfigurado su trabajo en las condiciones de los noventa.
 
     

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