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Alfred Wenemoser (Graz, Austria, 1957, residente en Caracas desde hace 20 años, es un artista
que ha pasado desapercíbido a pesar de haber sido incluído en esa corriente del circuito
internacional donde se práctica la categoría Latino Americano, un circuito que generalmente
incluye a ésta categoría más como un nicho dentro de los sistemas de clasificación
de la llamada producción periférica que lo que específicamente suele etiquetarse en
el término de "arte latino-americano".
La obra de Wenemoser está sometida también al conflicto de sus lecturas locales lo que, aunado
a su experiencia internacional, lo convierten en un ejemplo de las tensiones entre globalización y
multiculturalismo, dos términos que, como ya ha sido señalado, avanzan por caminos diferentes a
pesar de la confusión en la que con frecuencia se nos presentan. Por la imposibilidad de ser global,
Wenemoser ha eludido, al menos provisionalmente, muchos de los recursos que se utilizan para promover al arte
de la periferia a escala internacional: su obra es poco convincente dentro de argumentos multiculturales, no
tiene como objetivo alinearse a un mestizaje de los sentidos, no concede especial interés a los
estereotipos, no pretende hacer referencia a ninguna forma de híbrido cultural y ni
siquiera se ha tomado la molestia de formular algún trauma de artista en el destierro.
Por su status como artista ajeno a las condiciones más comunes que determinan lo local,
su obra no es fácil de distinguir en términos estratégicos de muchos de los artistas que
hacen del contexto un problema autoreferencial. Su obra se puede leer dentro del nomadismo
(tanto por haberse distanciado de sus raíces europeas en las vanguardias dominantes como
por ser una obra sensible a los lugares específicos en donde acontece).
Se le puede considerar como una obra inscrita en la diaspora europea, como uno de los artistas venidos
a América cuya aportación ha sido significativa en el desarrollo de la escena local
(en su caso, Wenemoser contribuye con un grupo de artistas de la performance y de los
lenguajes experimentales que lograron un cierto grado de aceptación en el programa contra
el constructivismo ejercitado en Venezuela desde mediados de los 70). Wenemoser, al igual
que los artistas que son aceptados en calidad de innovadores entre nosotros, rechaza el
colorido de lo local en todas sus formas, como no se atiene a las especificidades de un
medio. En conjunto podríamos decir que esa suerte de grado cero de la identidad ha favorecido
a que su obra se confunda en su contexto de producción. Pero el relativismo de sus relaciones
contextuales pudiera hacernos invertir este doble acercamiento: podríamos decir que lo que
le une a lo local es lo que lo separa y que lo que crea un distanciamiento de lo internacional
es justamente lo que podra acercarlo.
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