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Los pintores, por lo que se ve, son algo secundario, las máscaras antropo-mórficas necesarias
para reconocer y aceptar la del todo inhumana práctica de pintar Así este centrarse en el medio
en lugar de en el interés más común por los artistas como personas o las ideas estéticas o que
sobre pintura de éstos recuerda extrañamente a los tiempos en que la pintura como medio
fué desbancada de su pedestal en el mundo del arte de Nueva York en los sesenta y cómo, a pesar
de su éxito en los ochenta, nunca recuperó una legitimidad fuera de dudas y la sana autoconfianza
que había poseído durante la primera mitad del siglo.
Esto se puede ver todavía en los cismas que definen el mundo del arte contemporáneo.
Para algunos, la pintura ha regredo, como Ulises a Itaca, vestida como un pedigüeño dispuesta
a revelarse como el verdadero señor de la casa y destruir a todos los pretendientes al trono
y a su reina. Para otros, se trataría más bien de los últimos latidos de la muerte lenta de
la pintura moderna o, tal vez, de la nostalgia de tiempos más fáciles, cuando el hombre era
hombre y el arte era arte. Éstos últimos no conciben un retorno a una forma tan plana, tan
analógica o simplemente tan jodidamente burgesa. Para ellos el conceptualismo era, y sigue
siendo, una ruptura decisiva en la historia del arte.
Uno de los peligros aquí radica en afirmar la simple oposición entre conceptualismo y pintura en
lo que constituye ya uno de los argumentos erróneos que recorre el corazón del mundo del arte y
la crítica. Dudar del valor de esta distinción supondría, en mi opinión, el primer paso hacia el
pensar acerca de la pintura y el arte contemporáneo de una forma distinta, una forma que, sin
embargo, cuyo perfil no dependa de lo nuevo. De hecho, no han aparecido nuevos programas con
este último destello de interés por la pintura y está bien que así sea. ¿Porqué entonces hablar
de regreso? ¿Está acaso más allá del simple aburrimiento casuado por la cantidad de conceptualismo
ahora también repetitivo y académico? ¿Acaso ha señalado en su dirección la varita mágica de lo
que debe estar en boga? En parte, este último retorno, si es que se le puede llamar así, es algo
así como estas tres cosas juntas, aunque si uno quiere reconsiderar la pintura de nuevo, entonces
tengo la impresión de que debemos volver a la escena del crimen, al momento edípico del parricidio
(¿e incesto?) Ese momento es el minimalismo.
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